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Venezuela: las cosas por su nombre

 

Publicado el 27 Febrero 2018
ESCRITO POR EDUARDO CONTRERAS

 

 

Para vergüenza de nuestro país, el viernes 23 de este mes se consumó en la desprestigiada OEA, con razón llamada en su momento “yegua madrina del imperialismo” otra de las iniciativas del gobierno de Trump en contra del gobierno legítimo de Venezuela.

Era parte del listado que traía el  Secretario de Estado Rex Tillerson en su reciente viaje a la zona. Consignemos de paso un  detalle no menor: Tillerson fue director ejecutivo de Exxon Mobil entre 2006 y 2016.

Y así fue que en efecto y con el voto a favor del gobierno chileno se acordó exhortar al gobierno de Venezuela para que suspenda las elecciones presidenciales fijadas para el 22 de abril del presente año. Y eso que el ex mandatario norteamericano Jimmy Carter asegura que “el sistema electoral venezolano es el mejor del mundo”. Está claro que el acuerdo de la OEA es resultado de las instrucciones de la Casa Blanca para acelerar las condiciones necesarias para la anunciada intromisión militar en el hermano país.

La tensa situación y la evocación de lo que fuera el mismo plan norteamericano aplicado en Chile en 1973, amerita la exigencia de ser muy claros. Cada cual debe asumir su responsabilidad. Se trata de situaciones no sólo políticas sino también vinculadas a la ética y a la humanidad de los actores y los espectadores.

En este sentido el papel de nuestro gobierno y en particular de su Canciller, el señor Muñoz, no ha podido ser peor. Con toda razón le aplauden con entusiasmo desde la UDI, RN y otras organizaciones que fueron sustento de la dictadura fascista de Pinochet ; lo que bastaría para darse cuenta de la profundidad real del complot contra el gobierno y el pueblo de Venezuela.

Estamos hablando de asuntos de fondo. Sobre todo para los que en Chile vivimos durante largos años la dolorosa experiencia de una dictadura terrorista impuesta por la derecha chilena y los EEUU. Sabemos del horror de los crímenes perpetrados.

Pero y tal vez precisamente porque“ donde manda capitán no manda marinero” y estas órdenes vienen desde Washington, hasta parlamentarios del PS y el PPD se han sumado al coro de los modernos golpistas que buscan la caída del gobierno del presidente Maduro y la instauración de un régimen que les garantice el dominio del petróleo de ese país.

El Canciller chileno  se educó y formó en los EEUU. Eso bastaría para entender su conducta. En las últimas semanas el diario El Mercurio, co autor del golpe del 73 según se denuncia en los propios Informes Church e Hirschey del Senado norteamericano, le dedica una seguidilla de homenajes a Heraldo Muñoz. Claro está, ambos piensan lo mismo.

En entrevista del domingo pasado Muñoz dice que “vivimos los mejores momentos de la política exterior chilena en mucho tiempo”,  recomendación autoreferente muy propia de él. Luego agrega que “En un par de años hemos hecho lo que no habíamos hecho en diez años” aludiendo esta vez al gobierno argentino del ultraderechista - y ex procesado penalmente – Mauricio Macri cuya gestión por supuesto alaba. Naturalmente, respecto del gobierno del Perú dice que su relación con Chile “pasa por uno de los mejores  momentos”

En política nacional habla de la necesaria unidad “desde la derecha moderada hasta el Frente Amplio”. Por supuesto, defiende a brazo partido a la Concertación y se pronuncia por un “cambio tranquilo con una centroizquierda sensata” Y afirma que en Chile la diferencia social se advierte “ en la marca de la ropa con que la gente se viste, o por su color o sus apellidos”.

Afortunadamente confiesa que prefiere vivir fuera, o acá pero “estaré saliendo para airearme” y habla de amigos que le habrían echado de menos. Ojalá se quede en las tierras de Trump. Nunca entenderé cómo pudo soportarle la presidenta.

Detalle gracioso. El mismo Mercurio publica en colores la foto de la inmensa torta de cumpleaños con la que Muñoz agasajó hace unos días en París a su sucesor Roberto Ampuero a costa de la Cancillería, a pretexto de una reunión por el tema de La Haya.

Por supuesto que un personaje de estas hechuras afirma con fuerza que “Venezuela no es una democracia. No como la conocemos”. Entendible, la que él conoce bien es la “democracia” norteamericana que ha de parecerle perfecta. No importa que en defensa de sus empresas transnacionales y sus multimillonarios dueños aquella ejemplar democracia sea a la vez un  régimen históricamente genocida que ha agredido, bombardeado e invadido países en todos lados, asesinando a sus gobernantes, que haya robado territorios enormes, que discrimine a su propia población, que levante muros, que promueva que cada individuo esté armado al costo anual de muchos miles de muertos propios. Una “democracia” que bloquea política y económicamente a otras naciones y que ha promovido los golpes de Estado más crueles que conoce la historia.

Ese régimen demencial es sin duda el que conoce bien y admira como su  modelo de “democracia”. Por supuesto, afortunadamente Venezuela no es como esa democracia en la que vivido y añora el Canciller. Dejémonos de cuentos. Los que hoy estan atizando un golpe interno en Venezuela o una invasión externa en contra de esa nación son exactamente aquellos mismos que promovieron el golpe de Estado en Chile el 73.

Y si alguno de los que hoy condenan a la república bolivariana no formó parte del golpismo en  Chile, es simplemente porque hoy se han cambiado de bando. La “democracia” que defienden ahora es la de la desigualdad, la de la economía de mercado, la de los monopolios, en fin todo aquello que es bastante más grave que la mera diferencia de marca de ropa a que se refiere Muñoz.

A terminar con la hipocresía, a decir las cosas por su nombre. Los golpistas contra Venezuela hoy son los mismos y se mueven por las mismas razones que los golpistas chilenos del 73. Para mayor claridad, se acaba de hacer pública en El Mercurio, una declaración de los que ahora exigían que no se permita entrar a Chile al presidente Nicolás Maduro. Esta vez agregan que no se permita el ingreso del Presidente Raul Castro de Cuba.

Como era de esperarse, firman este “democrático y latinoamericanista” comunicado los infaltables Andrés Zaldívar, Jorge Burgos, Mariana Aylwin, Felipe Kast, Andrés Velasco, Jaime Ravinet, Luciano Cruz Coke, Pedro García, José Pablo Arellano, José de Gregorio, René Cortázar, Alejandro Ferreiro, Rodrigo Pérez y Félix de Vicente.

Es cierto que el listado incluye desconocidos, pero la mayoría son personajes públicos. También es claro que en ese texto faltaron muchos. Pero esos que faltan han marcado presencia a su modo.

El inefable Gutemberg Martínez por ejemplo, que en una columna de otro diario golpista, La Tercera, afirma muy suelto de cuerpo que “Las noticias sobre Venezuela son mortales. Al atentado permanente a la libertad y a la democracia, se sumó el desabastecimiento alimentario, con las imágenes de niños que hacen evidente la desnutrición y ahora se agrega la falta de medicamentos que atenta contra la vida y la salud de los ciudadanos. Violación sostenida y denunciada por todos los organismos internacionales de los Derechos Humanos, políticos, económicos y sociales.

“Uno de los países más ricos de América Latina, destruido a galope tendido por la retroexcavadora venezolana, denominada el socialismo del siglo XXI. Un país que destacó por su solidaridad con Chile, en los tiempos de la dictadura, recibiendo solidariamente a miles de compatriotas solidariamente. Un país y un pueblo que desafían diariamente la conciencia de los demócratas.”

Pero si es el mismo Martínez que fuera partidario de la ofensiva golpista contra el presidente Hugo Chávez de abril del año 2002. ¿Con qué autoridad puede hablar de conceptos como “democracia” y “dictadura”? ¿ O pretende olvidar esa ofensiva golpista, fracasada por cierto, en contra del presidente venezolano Hugo Chávez?

Sólo 3 días les duró el gusto a los reaccionarios que habían instalado en la presidencia al poderoso empresario Pedro Carmona, presidente de la organización patronal de ese país. Un gobierno golpista de pocas horas que, muy lamentablemente, fue reconocido por el presidente de la república de Chile de la época, don Ricardo Lagos con el ridículo internacional consiguiente.

Recordemos en cambio que no estuvo la firma del señor Martínez entre las de aquellos valientes dirigentes demócratacristianos que con fecha 13 de septiembre de 1973 dejaron constancia de su oposición al golpe encabezado por el cobarde e infame Pinochet. A pocas horas del crimen esos dignos demócrata cristianos expresaron por ejemplo que: “Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno –por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido– fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la autoridad constitucional.Y agregaron  su condena “ a la Derecha económica que, con fría determinación aprovechó los errores de la Unidad Popular para producir un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.”

Es tan burda la maniobra contra Venezuela que fracasados los recientes intentos de acuerdo con la oposición venezolana por una orden de  última hora de la Casa Blanca, un político al que nadie podría acusar de comunista o revolucionario, como es el ex mandatario español José Rodríguez Zapatero, se dirigió a los opositores al presidente Maduro para decirles que: “ De manera inesperada para mi, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos. Es por ello que  le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado. Esta petición la formulo desde mi convicción profunda en la necesidad de este acuerdo y desde mi compromiso por el cumplimiento del mismo.”

¿Puede haber algo más claro?¿Hasta cuándo seguirán en su loco afán golpista los enemigos del cambio  político, social y económico en América Latina?

Tal como lo fuera el de Salvador Allende en Chile el gobierno venezolano actual representa la opción del cambio y los ataques del imperialismo y los reaccionarios sólo obedecen al deseo de controlar al continente, en particular la riqueza petrolera y del subsuelo en Venezuela. Y, por sobre todo, para impedir – al igual que hicieran con Allende y la Unidad Popular – que el ejemplo liberador, popular, independiente, se extienda por el continente.