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El Fascismo

Santiago Crespo 

 

Para entender el fascismo no podemos quedarnos en la superestructura. No se puede hacer un estudio de este por su aspecto exterior, sin ser capaz de analizarlo y entenderlo en su raíz, en sus orígenes y en sus causas. Los regímenes fascistas suelen tener ciertas características típicas y comunes, como el tradicionalismo, el deseo de grandeza, el nacionalismo exacerbado, la posesión de la verdad, la violencia, la represión, el odio a las críticas, la verborrea grandilocuente, el amor a los uniformes o la recreación en lo gigantesco. Pero estos no son más que aspectos externos habituales del fascismo. No son la base del fascismo, sino su fachada externa.

 

El marxismo tiene su propio vocabulario, muy claro y preciso. El fascismo para serlo, tiene que tener necesariamente un carácter de clase. La clase burguesa mantiene su dominación sobre la clase proletaria gracias a su hegemonía ideológica. Consigue dominar a sus explotados ideológicamente gracias a su sentido de la moral, el derecho, la religión o la propiedad. Cuando la mayor parte del proletariado adquiere conciencia de clase, ya no sigue los dictados de su clase explotadora, sino los suyos propios. Ya no se deja engañar por la ética, la religión o los derechos humanos de sus explotadores y pasa a ser una clase para sí misma. La ideología es un arma y cuando esta falla es necesario recurrir a otros procedimientos más expeditivos. La democracia burguesa subsiste mientras los explotados votan a quien deben y no a quien quieren. Cuando la libertad se convierte en libertinaje, es necesario tomar medidas drásticas para salvar la cultura burguesa, la moral burguesa, la ley burguesa, la religión burguesa y sobre todo la propiedad burguesa. Por eso en 1935  Dimitrov  señalaba: “La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía -la democracia burguesa- por otra, por la dictadura terrorista abierta.” Al no poder dominar a las masas mediante la palabra, encubriendo su sistema de explotación, la burguesía se ve obligada a hacerlo mediante el terror y la violencia física generalizada. Por ello: “El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales.” Nadie quiere el fascismo, la burguesía tampoco, pero hay veces en que desgraciadamente es necesario volver a imponer el orden burgués por la fuerza y ajustarle las cuentas un proletariado insumiso y sus aliados del campesinado o la inteligencia. Ese carácter de clase, ese ajuste de cuentas contra su explotados rebeldes, esa necesidad de suprimir la democracia burguesa para salvar la explotación burguesa es imprescindible en el fascismo. Da igual la envoltura externa. Eso no tiene gran importancia. El fascismo es la pérdida de la hegemonía ideológica de la burguesía y su sustitución por la represión física generalizada.

 

A este tipo de régimen político le damos el nombre de “fascista”, porque el fascismo italiano fue la primera dictadura integral burguesa de este tipo y los restantes movimientos parecidos lo tuvieron como un ejemplo a seguir. El nazismo alemán o el nacional catolicismo español no se consideraban fascistas, pero siguieron este arquetipo. Desde entonces ha habido regímenes fascistas de todo tipo en países europeos como por ejemplo Polonia, Hungría, Rumanía o Portugal. En América Latina,una sola expresión de este análisis se comprueba con las dictaduras y el plan Cóndor , Asia y África se han implantado gran cantidad de dictaduras de tipo fascista, cuando las masas se han empecinado en salirse de la racionalidad burguesa. Sería de desear otra cosa, pero desgraciadamente los comunistas lo impiden y no lo hacen posible. Lo que no se puede consentir en ningún caso es una dictadura comunista que suprimiría la libertad burguesa de los explotadores para siempre. Desgraciadamente, no queda más remedio que escoger el mal menor. No es un plato de gusto, pero hay que tener la responsabilidad histórica de coger el toro por los cuernos, hasta que el paso del tiempo y los frutos de la represión permitan posible volver a la normalidad.

 

Lo que está sucediendo en Cataluña no es ninguna dictadura fascista. Pese a las actitudes violentas y represoras de los bandos enfrentados, no puede serlo. No es la reacción de los explotadores ante el despertar de sus explotados. Es simplemente un enfrentamiento entre estratos de una misma burguesía. Es una represión de bajo nivel, generada por un conflicto entre los explotadores por el reparto de las plusvalías, los benéficos y las corrupciones. Es el enfrentamiento de una burguesía regional compuesta por pequeños industriales, comerciantes y agricultores, contra la gran burguesía nacional e internacional, incluida la catalana, que rápidamente ha trasladado la sede social de sus empresas. Pese al aumento de la represión, no se va a anular la democracia burguesa renegando de esta. No hay motivo para ello.

 

El marxismo tiene su propio vocabulario, muy claro y preciso. El fascismo para serlo, tiene que tener necesariamente un carácter de clase y la situación catalana no lo tiene. Recuerdo que hace años, tuvo lugar la ceremonia de suelta de un halcón para intentar regular la población de palomas en una ciudad. Creo que era en Barcelona. Al tiempo se produjo una manifestación de repulsa y protesta, indicando que se estaba perpetrando una acción fascista inadmisible. Evidentemente, no es eso lo que los marxistas entendemos por fascismo.

 

La democracia burguesa y el fascismo son las dos caras de una misma moneda. La dominación y la explotación burguesa tiene dos facetas. Si hay dominación ideológica sobre los explotados, se puede implantar y mantener una democracia burguesa. Cuando se pierde ese control inmaterial, es necesario recurrir a una dictadura fascista violenta. Gracias a la represión, a la censura y al paso del tiempo, la conciencia de clase del proletariado disminuye. Entonces ya se puede reimplantar la democracia burguesa. Si el peligro aumenta, será necesario pensar en cambiar de nuevo de régimen político. El dominio ideológico y el dominio violento son las dos caras de la misma dominación burguesa.

 

“Las tendencias antidemocráticas de la burguesía monopolista se acentúan sin cesar en el período de crisis general del capitalismo. La agudización de la lucha de clases, la debilitación progresiva de las posiciones del capitalismo y el miedo al socialismo, cuyas fuerzas crecen sin cesar, es lo que empuja a los monopolios a las posiciones extremas en política interior y exterior.

 

“Después de la primera guerra mundial, en algunos países capitalistas venció el fascismo y se estableció una dictadura descarada y sangrienta de los grupos más reaccionarios y aventureros de la burguesía monopolista y los terratenientes. El fascismo, como lo demuestra la experiencia de Alemania e Italia, significa la supresión completa de la democracia. La disolución de las organizaciones obreras, la represión implacable de toda muestra de oposición, sin exceptuar la de los liberales burgueses; la negación de los derechos democráticos elementales a los trabajadores, la subordinación completa del pueblo al arbitrio de los monopolios y de su máquina estatal, la muerte de los mejores hombres en cárceles y campos de concentración, la barbarie racial y la preparación desesperada para la guerra.”

 


Fuente: Periodista Santiago Crespo
Florilegio: Allendevive-Internacional