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Maria Olivia Monckeberg - Fernando Paulsen

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Magnicidio( Del lat. magnus , grande, y -cidio, muerte)
Muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder.

 

 

De Tito Férnandez “El Temucano” hasta la Maldonado conoce a los artistas de la dictadura

 

titofer

 

30/05/2018

Corrían los finales de los 70´principios de los 80´cuando se escuchaba el “Ríe cuando todos estén tristes”, que cantaban los integrantes del Japenning con Ja al terminar su emblemático programa de humor en Televisión Nacional de Chile, en pleno apogeo del régimen del dictador Pinochet. Esa frase, que quedó en el inconsciente colectivo de una generación, se hizo carne día a día en esos años en que la mayoría de los chilenos se entretenía a costa de una constelación de “estrellas” identificadas con la dictadura. El régimen, a finales de los setenta, ya tenía en marcha una encandiladora fórmula de disuasión: a  las metralletas sumaba el circo televisivo. Una de las primeras en aparecer fue, Raquel Argandoña, la primera Miss Chile post golpe de Estado, quién era uno de los rostros principales de la pirotecnia comunicacional que encabezaba desde las sombras Alvaro Corbalán. Raquel, pinochetista a fuego, no solo se convirtió en la más codiciada figura del star system local, sino que en una extraordinaria movida de marketing llegó a ser rostro de “60 minutos”, el principal noticiero del canal estatal. La Argandoña se consagró junto a Raúl Matas como lectora de noticias, luego de su paso por importantes estelares de la época.

 


A inicios de los ochenta, la rubia rompía el rating en el informativo gracias a sus escotes y extraños peinados, que disfrazaban los contenidos oficialistas de las noticias. Cuando se le criticaba su protagonismo y se le cuestionaba su capacidad profesional como conductora, respondía con un soberbio “la noticia soy yo”. Y claro, Raquel era la protegida y la preferida de la dictadura, su nombre era número puesto a la hora de animar eventos para militares, autoridades o algunos shows que realzaban cualquier obra de la Dictadura. “Para todas las inauguraciones, los números de los artistas eran fijos. Por ejemplo, la cantante de la Nueva Ola Fresia Soto era presentada por Raquel Argandoña”, recuerda la ex vedette Mireya Smith, Wendy.

 

Es que además de ser una de las preferidas del propio Pinochet, Raquel mantenía cercanas relaciones con gente importante del círculo de poder de la dictadura. Aún es recordada por muchos su amistad con el director de la DINA, Manuel “mamo” Contreras. También, con la del dueño del Casino de Viña, Antonio Martínez, que en plena crisis económica le regaló un vestido metálico de ocho kilos de peso, por el cual pagó tres mil dólares y que encargó especialmente a Nueva York, para que lo luciera cuando fuera parte del jurado del Festival de Viña. “Raquel no hizo asco de relacionarse con nadie en esa época. Salió con todos los que había que salir para llegar alto, muy alto. Eso sí, una vez que llegó, les cerró la puerta a todos”, confiesa un importante productor y director de televisión. Y llegó tan alto que en medio de las primeras protestas nacionales, el año en que Pinochet sobrevolaba Santiago después de las manifestaciones, Raquel inauguraba la modalidad de matrimonio público: en 1984, con bombos y platillos, su casamiento con Eliseo Salazar que fue un verdadero show.


Pero Raquel no terminó bien. Un par de años después de protagonizar La Quintrala, se separó de Salazar y el grupo de poder conservador no le perdonó el desaire de una serie de decisiones personales que incluían tener un hijo fuera del matrimonio. Raquel no alcanzó a acomodar el discurso, ni a moverse en medio del hipócrita entretejido de la farándula nacional. No tenía el manejo de Antonio Vodanovic y Horacio Saavedra que siguieron en la primera fila de los elegidos.
Vodanovic, protagonista ilustre de Chacarillas –un pirotécnico acto donde un grupo de jóvenes se juramentó en el pinochetismo-, fue junto a Jorge Saint Jean uno de los primeros ejecutores del proyecto de la Secretaría Nacional de la Juventud, institución que entre otras cosas organizaba los veranos recreativos en las poblaciones, en que se realizaban cientos de eventos. El flaco, como le decían los más cercanos, hizo rápida carrera en la televisión oficialista. Sus estelares, al mando del inefable director de TV Sergio Riesenberg, daban que hablar por lo osado de sus contenidos, que ponían en primer plano el trasero de la amante de Alvaro Corbalán, María José Nieto. A “Sabor Latino”, “M. R. Marca Registrada” y otros, se sumaba ser la voz oficial del Festival de Viña. Pero eso no era todo, Vodanovic era un notable dentro de jet set nacional. “Tenía rompefilas con los milicos y como era bueno para figurar, de vez en cuando se iba a la discoteca Gente a presentar algunos de los conciertos que contrataba Juan Carlos Politti. Allí desfilaban Juan Carlos Duque, Andrea Tessa, Cristóbal, Juan Antonio Labra, Antonio Zabaleta y desde Valparaíso traían a los Pujillay con Alvaro Salas a la cabeza”, dice un manager de artistas que pide reserva de su nombre, porque “Vodanovic sigue siendo muy poderoso. Siempre lo fue. Mira, un año cuando tenía un artista en la competencia, le dije que me echara una mano, que me faltaba un voto para que clasificara. Recuerdo que estaba la Susana Palomino en el jurado, así que si la convencía estaba al otro lado. Me dijo que listo, que estaba hecho, que él mandaba en Viña, pero después no se clasificó. Entonces le pregunté a un amigo del jurado y me contó que la Palomino votó por otro. Es chueco Vodanovic, de ahí que no le hablo a ese conchesumadre”. Pero Vodanovic fue hábil, conservó su poder casi intacto por muchos años, casí hasta la década pasada, sólo que en otros canales. Al final de la dictadura hacía el estelar “Siempre Lunes”, un programa de entretención donde, en medio de los artistas invitados, el conductor de vez en cuando hacía entrevistas a historiadores y profesionales con el claro sesgo editorial del canal oficialista.


El “chico” Saavedra es otro que bien bailó las melodías del pinochetismo, aunque más bien deberíamos decir que le puso ritmo. Junto a Pachuco y la Cubanacán eran las orquestas favoritas de los militares y las autoridades de gobierno.

 

“Horacio Saavedra tocaba gratis cuando era necesario y su amistad con Alvaro Corbalán lo tenía de número puesto en Viña y en todos los eventos de magnitud. Saavedra fue el hombre que ayudó a sacar adelante el cassette de Corbalán, al que le había enseñado a tocar guitarra y cantar Alicia Puccio”, confiesa un cercano al ex agente de la CNI.

 

Algo parecido recuerda, a modo anónimo, un reconocido percusionista adepto a Pinochet, él, como pocos, dice que se negó a utilizar su posición política para lucrar. “Nunca usufructué del régimen. Como sí lo hicieron Horacio Saavedra y Pachuco, que eran las orquestas preferidas y oficiales de Pinochet. Seguramente se podrá decir que Pachuco se lo ganó, porque era de gusto popular. Quizás por eso fue tres veces al Festival de Viña. Pero el caso de Horacio Saavedra es distinto, él es un hombre corcho, flota donde quiere y donde puede”, afirma.
La tele no daba tregua. César Antonio Santis una institución; Pamela Hodar, esposa de militar y animadora oficial de Cema Chile, llegó a leer noticias; los integrantes del Japening le sacaban una sonrisa a ese más del 20% de cesantes que estaban pegados frente al aparato.

 

Hirane, Salas, Retes y compañía

 

La época del bar Romeo fue todo un suceso en los tiempos de la dictadura. Checho Hirane y Miguelo habían formado una sociedad y eran dueños de este centro nocturno.
“Iba mucho milico al Romeo, no muy conocidos, pero se identificaban de inmediato cuando llegaban. Checho Hirane siempre trató de cuidar las apariencias, es decir, que no se hiciera tan público que él era de derecha, porque todos sabían que algún día se terminaría el régimen y no quería quedar marcado para siempre”, cuenta un ex trabajador del local.

 

Pero había una razón mucho más fuerte para que Checho Hirane, a pesar de ser un ferviente defensor del modelo, mantuviera cierta distancia: su fuerte amistad con el oficial de Ejército Armando Fernández Larios. Este, segundo comando del general Arellano Stark, fue uno de los dos agentes DINA acusado del asesinato de Carlos Prats y su señora en Buenos Aires. Además, en 1979 había sido declarado convicto por su responsabilidad en el asesinato de Orlando Letelier, pero en los ochenta ya era un paria para el régimen. Estaba descontrolado en esos años y lo único que quería era entregar información acerca del asesinato de Letelier en Washington. “Armando estaba paranoico. Creía que la CNI lo iba a matar en cualquier minuto. A veces íbamos al estadio y se perseguía. Miraba para todos lados y había que irse antes de que el juego terminara. El Checho fue su amigo fiel, impresionante. Mira, no sé si estaba al tanto de lo que pasaba, pero nunca le dio vuelta la espalda a su amigo”, comenta un amigo en común con ambos personajes.

 

Checho Hirane reconoce la amistad con Fernández Larios. Cuenta que a pesar de que él estuvo en la Escuela Militar, a Armando lo conoció por circunstancias de la vida. “Fuimos buenos amigos. Iba mucho al Romeo y salíamos a andar en moto, que era una pasión que compartíamos. Todo su lío judicial siempre lo ignoré. Yo creo que me lo ocultó para protegerme”, cuenta. Era tanta la amistad de Hirane con Fernández Larios que dos cercanos a ellos insisten en que cuando se escapó a Estados Unidos para entregar a los líderes de la DINA, fue Checho quien lo llevó al aeropuerto, situación que el humorista niega de raíz: “No, ese es un mito. Armando me dio el abrazo de cumpleaños una semana antes, me dijo que se iba a ir al sur y desapareció. Después me fui enterando de todo por la prensa. Una vez lo fui a ver a Estados Unidos. Estaba en Nueva York y no tenía nada, ni para comer. Allí con otro amigo lo ayudamos, lo apoyamos, no valía la pena hablar de su proceso. Ahora hace cinco años que no sé nada de él”, dice Hirane.

 

A pesar de estos contratiempos el humorista se esmeraba por conseguir buenos contratos. “Si no se actuaba para los militares, se hacían shows para empresarios. El Checho Hirane siempre se conseguía esos eventos, no recuerdo bien para qué personas, pero se ganaba buena plata, ellos pagaban bien”, recuerda un ex productor.
Mientras tanto, los famosos martes femeninos convirtieron al Romeo en el delirio de las mujeres, que bailaban al ritmo pélvico de Miguelo. El artista que se encargaba de hacer reír a los visitantes del local, y que siempre se repetía el plato, era el humorista oficial de la junta de gobierno: Ronco Retes y su infaltable compañero Willy Bascuñan, el famoso “Don Wiyi”. Tal era el favoritismo castrense, que incluso gozaba de amnistía cuando representaba a Pinochet. El era el único que podía imitarlo, sin importar si estaba presente en sus actuaciones. Ronco devolvía la mano actuando gratis en regimientos y casinos militares. Además, hacía un humor pro gobierno en sus espectáculos, como el recordado“Chicago Voy”.


Los famosos Café Concert irrumpían en Chile y la dupla se llevaba los aplausos con un humor hipócrita y ramplón. Así, la vida nocturna del Romeo se dividía entre la música del Negro Piñera, que disfrazaba su simpatía hacia la derecha con canciones y homenajes para Violeta Parra y Los Jaivas, y la de Alvaro Scaramelli y Peter Rock. Todo eso ocurría mientras Pancho Puelma, sumido en las drogas y el alcohol, hablaba con los maniquíes que decoraban el bar y se paseaba en un convertible.


El show a domicilio para los militares era una moda implantada en el sistema. Era una buena forma de ganar dinero. Para esas veladas, la familia castrense contrataba a su antojo y en muchas ocasiones los chistes y canciones se pagaban en dólares.


“Varias veces estuvimos con el Mamo Contreras en cumpleaños, nos contrataban para entretener sus fiestas. Les gustaba que fueran Pedro Messone y Carlos Helo. También fui un par de veces con Alvaro Salas”, cuenta un ex productor de espectáculos de la época.

 

Wendy es una agradecida de la dictadura. Ella dice que durante los 17 años de régimen militar nunca le faltó trabajo y que una forma de agradecer las interminables ofertas laborales de esos tiempos era actuar gratis.


“Todos estábamos agradecidos. Además que nosotros éramos artistas no políticos. El Coco Legrand, Jorge Romero (Firulete) y Ronco Retes actuaban en estos eventos, pero eso no quería decir que ellos fueran partidarios de los militares”, afirma la ex vedette. El Pollo Fuentes, Luis Dimas y Antonio Zabaleta también participaban en estos eventos privados, relata Wendy, que además cuenta que cuando los artistas no eran invitados, se sentían ofendidos, pues para ellos era un honor asistir a entretener a los militares.


La ex vedette cuenta que a veces se presentaba con Alvaro Salas. El hacía el humor y ella cantaba. “Era muy entretenido, porque en ese tiempo tuvimos un romance con Alvaro. Era bien cómodo salir a actuar con tu pareja”, cuenta.


Estos eventos se hacían en grande. Se trataba de los aniversarios institucionales de las distintas ramas castrenses. Aunque también actuaban para algunas celebraciones como la del Comando de Ingenieros de los militares. “La Viviana Nunes era la animadora, a los hombres les encantaba. Básicamente hacía lo mismo que ahora, eventos privados. En el humor era número fijo Checho Hirane y si querían algo de folclor había que llamar a Pedro Messone. Si te fijas, siempre se repiten los nombres”, relata un productor de eventos.


Así, se veía a Wendy mover sus caderas al ritmo de la música, mientras muy nerviosa en los pasillos esperaba su turno una joven e inocente Miriam Hernández.


“Recuerdo a Miriam porque conversé con ella, fue en una actuación con motivo del aniversario de la Fach (Fuerza Aérea)”, cuenta Wendy. Nada de raro, Miriam junto a Irene Llanos eran las más pedidas por las autoridades militares y por el general Pinochet, que en ese tiempo entregaba un listado de sus artistas preferidos cuando asistía a algún acto.“Recuerdo en una ocasión haber ido a un regimiento, por ahí cerca de calle Club Hípico, a las cuatro de la tarde a hacerle un show a diez generales con la Irene, que les cantaba en un living comedor diminuto. A los viejos les gustaban las artistas jovencitas. Ellas cantaban cuatro temas, después los saludaban y se iban”, confiesa un conocido manager de la época. El mismo que asegura que Mónica de Calixto le robaba el corazón al miembro de la Junta, César Mendoza: “Inevitablemente ella terminaba sentada en las piernas del general”, dice.

La metralleta de Raúl Di Blasio

El bar Confeti pertenecía a Jorge Pino, actual esposo de Patricia Maldonado. Los recuerdos de algunos hablan de noches desenfrenadas y reuniones de miembros de la DINA. Un músico, que pide reserva de su nombre, cuenta que al Confeti “iba mucho militar. La Patricia Maldonado era, desde luego, muy leal con Pinochet. El local se caracterizaba por tener siempre buenos artistas como un trío de jazz, el Mulero Solitario y Alvaro Salas. Imagínate que Raul di Blasio tocó como estable por mucho tiempo”, agrega.

Un conocido humorista cuenta que “una noche en el Confeti, Di Blasio me dijo que nos fuéramos a fumar un pitito afuera. Cuando llegó al auto y abrió el portamaletas había una ametralladora y un saco de balas. Casi me morí. Di Blasio, con toda calma, me dijo que no me preocupara, que al otro día iba a disparar con Alvaro Corbalán y Patricio Castro, el actual marido de Carolina Arregui”.

En cambio, el cómico Daniel Vilches, resucitado en la pantalla chica por Kike Morandé, no recuerda esa parte de la historia. El actuaba en teatros y no se dedicaba a recorrer bares para mostrar su espectáculo, asegura. “Nunca actué en grillés como se conocían en esa época. En los teatros había que ingeniárselas para presentar un espectáculo, pero no era de los que andaba buscando pega en bares. ¿Y por qué no le preguntan al Chino Navarrete?”, dice Vilches.

 

Protagonistas de La Música

 

En medio de una coyuntura mucho más confrontacional y con el almirante José Toribio Merino resguardando el conservadurismo, Wendy se presentaba junto a Pachuco y la Cubanacán en el mítico Sirena -de propiedad de José Aravena, “el Padrino”-, donde compartía escenario con el espectáculo del Blue Ballet, un cuerpo de baile formado por los travestis de la Tía Carlina. Una aventura que, por cierto, no tenía nada que ver con la estrategia de fondo que preparaba la Dinacos, al puro estilo de los reality, para formar a las nuevas estrellas de la música nacional que debían contrarrestar el creciente éxito del Canto Nuevo.
La apuesta del oficialismo era estimular El Semillero que había creado TVN junto a Chilefilms y que encabezaba Chino Urquidi. De esa escuela salieron QEP, Contra viento y marea, Angelo Ventureli y Rodolfo Navech, entre otros. “Desde la Dirección Nacional de Comunicaciones del gobierno venía la orden de sacar nuevas figuras para el mundo del espectáculo y la televisión, fundamentalmente, para así opacar al nuevo canto que se juntaba en el Café del Cerro, donde actuaban Oscar Andrade, Santiago del nuevo extremo, Shwenke y Nilo y tantos otros. Pero nada era gratis para los nuevos artistas. Una vez que tomaban vuelo los hacían firmar una carta de respaldo al gobierno para seguir impulsando sus carreras”, señala uno de los participantes en El Semillero de TVN.

Pero además de la estrategia de las nuevas figuras, Alvaro Corbalán tenía claro que debía competir con las mismas armas del Canto Nuevo y creó un local de encuentro en Providencia, que albergaría el folclor más tradicional. Corbalán le compró la casa a su maestra Alicia Puccio y la disfrazó al más puro estilo de una peña. Casa de canto se llamaba el local, que albergaba a Pedro Messone, Ginette Acevedo, Los Cuatro Cuartos, Fernando Jiménez y los infatigablesHuasos Quincheros, encabezados por Benjamín Mackenna, que además era relacionador público de Gendarmería y productor, junto a Jorge Pedreros, de los eventos que hacía Avanzada Nacional. Poderoso era el Partido Avanzada Nacional en estas instancias, porque Alvaro Corbalán estaba a la cabeza. “Corbalán manejaba todo. Tenía contacto directo con la alcaldesa de Viña, Eugenia Garrido, así que él ponía y sacaba artistas como si fuera el living de su casa. Incluso me acuerdo que Juan Antonio Labra se hizo de Avanzada Nacional sólo para ser incluido en el Show del Festival, después nunca más se acordó del partido”, comentó un famoso director de televisión de la época.

 

Coco Legrand y  las visitas del Temucano a Corbalán

 

El operativo de seguridad que rodeaba a Corbalán en esa época era extremo. Cuando llegaba enfiestado al Maxim para ver el show de su novia María José Nieto, la Maripepa, su equipo de escoltas y puntos fijos rodeaban el auto y miraban hacia todos lados. Luego de eso Maripepa recién podía entrar. La seguridad de su novia le preocupaba tanto como la suya. Ella siempre llegaba momentos antes de su presentación, bien escoltada, mientras Corbalán bajaba calmadamente de su auto para presenciar el show. El tenía un palco reservado. “Muchas veces se quedaba en su auto para esperarla. La Maripepa salía rápido del lugar cada vez que terminaba su actuación”, recuerda Renato Contreras, dueño del Maxim en ese tiempo. Para la Nieto estaban reservados los mejores lugares para actuar. Su novio se preocupaba de que a ella no le faltara trabajo.

 

Todos sabían quién era Corbalán

 

En esa misma época, Coco Legrand fue el único humorista que quedó de pié en los tiempos en que muchos artistas probaban suerte montando espectáculos y Café Concert.
Su amigo Jaime Azócar comenta que cuando hicieron a principio de los ochenta el espectáculo “Tú te lamentas, de qué te lamentas”, fue una apuesta bastante atrevida. Sin embargo, los problemas nunca fueron mayores. “Ahí hablábamos de lo que pasaba en el país, pero no de una forma explícita, tenía una doble lectura. El Coco le decía a la gente que el país estaba cojo, él decía que algo le faltaba. En ese tiempo Coco estaba muy abierto a crear cosas”, recuerda el actor.
Sin embargo, un cercano al cómico comenta que Legrand siempre estuvo más cercano a la derecha. “Su pensamiento siempre ha sido de derecha, si bien no desconoce los problemas de los derechos humanos y todo lo que se vivió en Chile, al Coco nunca lo ibas a escuchar hablar sobre esos temas con sensibilidad. Es una persona que cree en la solidaridad con mayúscula. Es decir, ocultando intereses personales, individuales”, comenta.

Coco se mantuvo a teatro lleno, sacándole la radiografía al Chile que la dictadura manejaba desde La Moneda y TVN. Sin prejuicios montó discursos moralistas, apiló a los políticos en un cerro de inservibles que le habían cortado su libertad. Fue el humorista de los ochenta criticando a la sociedad, no a los que la habían diseñado.
Debe ser por eso que no sorprende que Coco tenga como uno de sus chistes preferidos hoy en día ese que dice: “¿Cómo van a llamar a Pinochet en un tiempo más?”. A gritos”. Y fue precisamente ese tono el que lo transformó en la figura, hace unos meses, del show que se hizo en el club de suboficiales, Rinconada de Maipú, para conmemorar el aniversario de la escuela de suboficiales, donde actuó junto a Pedro Messone, Ginette Acevedo, Diego Luna, José Luis Arce. Hasta un corvo en una cajita de recordatorio le dieron. “Fue el más pinochetista del grupo. Insólito. Hasta habló de la segunda independencia de Chile”, recuerda uno de los artistas invitados. Pero nada de esto parece ser muy extraño, uno sabe que en la vida cambia todo cambia. O si no, no se entenderían las visitas de Tito Fernández, El Temucano, a Alvaro Corbalán. Un amigo personal del ex agente, sostiene que a pesar de estar detenido, Alvaro siempre ha recibido amigos y hecho buenas

 

“juntadas los viernes por la noche con algunos miembros del Ejército y los artistas con los que pasó los ochenta. Claro, lo de El Temucano sorprende pero también hay que considerar que la señora de Tito Fernández es cercana a Alvaro”.

 

Lo mismo sentencia un artista cercano a Corbalán: “El Temucano lo visita con frecuencia desde hace tiempo. Conversan un rato y canturrean que es lo que más les gusta. Esta es la verdadera reconciliación ¿o no?”.


Fuente :Cronica Roja 
Florilegio: www.allendevive.cl