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"En las fuerzas armadas había gente leal a la Constitución" Entrevista a Víctor López, ex militar chileno

 

Por Nayla Azzinnari

 

Son militares chilenos que se opusieron al golpe de estado contra Salvador Allende, en 1973. Fueron difamados, detenidos y torturados por sus compañeros y superiores. Casi cuarenta años después, siguen denunciando los crímenes de la dictadura y reclamando reconocimiento.

 

“No había estado en la proa de un barco desde que era marinero”, dice Víctor López, como si esa frase fuera cualquier otra frase dicha al pasar. Aunque está oscuro, mira el horizonte sobre el agua, da la última pitada a su cigarrillo y reconoce que la sensación que allí se siente está muy bien representada en aquella escena de Titanic donde el protagonista de la película abre los brazos, se deja atravesar por el viento y grita “soy el rey del mundo”.



Desde la última vez, pasaron 5 años de detenciones y torturas, 12 años de exilio en Europa y 20 años de gobiernos democráticos en Chile, durante los cuales presidió la Coordinadora del Personal Exonerado de la Armada (COPEA). La suma da 37 años denunciando crímenes y exigiendo reparación. Con ese mismo afán, está nuevamente en Europa buscando adhesiones para convertir en Universidad Flotante de Derechos Humanos y Ambiente al Buque Escuela Esmeralda, que durante los años de plomo fue utilizado como centro de detención y tortura.

 

 CON LOS PIES EN LA TIERRA



Al día siguiente de estar parado nuevamente en la proa de un barco después de casi cuatro décadas, Víctor concede esta entrevista en Bonn (Alemania).



- ¿Cómo era ser militar constitucionalista en un contexto golpista?
- Hay que remontarse a unos meses antes del golpe de estado. En la Armada de Chile, donde yo trabajaba, se habían intensificado las arengas, las charlas, las actividades de conspiración por parte del alto mando. Los oficiales de mando medio tenían la misión de aglutinar, de convencer a toda la tropa de que teníamos que estar unidos para dar el golpe de estado. Pero muchos suboficiales no estábamos de acuerdo y teníamos razones sólidas: por un lado, la normativa institucional no establece que las fuerzas armadas están para dar golpes de estado y nosotros éramos muy ajustados a la legalidad. Pero por otra parte, el gobierno de Salvador Allende hacía acciones donde se congregaba mucha gente. Una de las últimas convocatorias de Allende reunió a más de un millón de personas. Entonces, cuando tú ves esa masa de gente incondicional a un gobierno y te hablan de dar un golpe de estado, inmediatamente asocias que va a haber resistencia y oposición. Pero las armas las teníamos nosotros y no costaba darse cuenta de que iba a haber una masacre. Yo no estaba para salir a matar chilenos. Y la respuesta de los oficiales era que con 100.000 personas que se mataran se neutralizaban las fuerzas de conflicto y se controlaría a toda la población. La última guerra de Chile, que fue contra Bolivia y Perú, costó 10.000 muertos al país y fue un desastre. Y los tipos muy sueltos de cuerpo decían que nada más habría que matar 100.000 para derribar al gobierno y controlar el país.

 

Víctor López con 17 años a bordo del Buque Escuela Esmeralda. Era 1970, año en que Salvador Allende fue electo presidente de Chile

 

- ¿Y qué hicieron?
- La tropa no estaba de acuerdo y lo que nos decían era “No importa. Al que no esté de acuerdo, le damos franco, lo dejamos salir, le pegamos un balazo, lo tiramos al mar y después le decimos a la familia que el tipo desertó y que no tenemos idea de su vida”. No nos quedó así más alternativa que buscar canales de comunicación con el gobierno. Buscamos la vía parlamentaria. Pedimos entrevista con senadores y diputados para contarles la situación. Buscamos los contactos para que fueran a hablar con los legisladores porque un marino no lo puede hacer. Pero, no nos creyeron. Era tan espeluznante lo que les estábamos contando que no lo podían creer. Luego, los servicios de inteligencia agarraron a cinco compañeros que estuvieron involucrados en esos contactos. Estos muchachos negaron. Como no confesaron nada, los torturaron, revisaron los casilleros. Y en algún lugar encontraron una lista con nombres, así que los detenidos después fueron veinte. Y después doscientos. Como no podían a dar a conocer el motivo por el cual estábamos detenidos, nos mantuvieron incomunicados sin que nadie en el país supiera que había esa cantidad de marinos detenidos y que habían sido torturados. Pero la información se comenzó a filtrar y se comentaba “parece que ha pasado algo en la marina, que hay detenidos”, entonces a los quince días nos dejan tomar contacto con las familias. Nos levantaron la incomunicación, tomamos contacto con los abogados y públicamente denunciamos. Pero antes de denunciarlo, el mando de la marina le informa al presidente que habían detectado un movimiento de extremistas de izquierda infiltrados en la marina y que los tenían a todos detenidos. Entonces el presidente dice que si esto es así es porque quieren desestabilizar el gobierno. Esto lo dice en un discurso público: “He sido informado por el alto mando de la armada que detectaron un movimiento de extremistas de infiltración y he dado orden al comandante en jefe de que le apliquen el máximo rigor de la ley”.



 De la ley.
- De la ley. Pero nosotros estábamos detenidos y no teníamos forma de llegar a decirle “oiga, pero si los golpistas son ellos”. Pasan los días y logramos convencer a las personas más cercanas a nosotros de que esto era falso. Se organiza un movimiento de solidaridad para con nosotros. Personas de la política llegan al presidente con la información fidedigna de que nos habían torturado, que nos habían obligado a declarar cosas que no eran verdad y que se venía un golpe. Entonces el presidente ordena hacer una nueva investigación el día 10 de septiembre. Y al día siguiente lo matan. Cuando él intenta revertir la medida, hacen el asalto a La Moneda. A partir de allí pasamos cinco años presos. Eso significó una represión muy fuerte, nos detuvieron, nos torturaron, estuvimos presos mientras se cometieron un montón de crímenes. Así que en el año 1978, después de que habían matado a mucha gente, incluyendo a muchas personas de renombre, para que no se investigaran esos crímenes, Pinochet dicta una ley de auto-amnistía: “de aquí para atrás cualquier cosa que haya ocurrido no es delito”. Y a nosotros que ya llevábamos cinco años presos nos obligaron al exilio. Pasaron 20 años y nunca nadie supo que fue lo que pasó con nosotros. Todos se quedaron con la idea que había dado el alto mando, que éramos extremistas infiltrados.



-¿Cómo se revierte eso?
- Todos los marinos que volvimos a Chile en 1990 formamos la Coordinadora del Personal Exonerado de la Armada con dos objetivos: el primero es denunciar las torturas y el segundo es demostrar que al interior de las fuerzas armadas había gente que era leal a la Constitución. En el marco de esta organización, hemos realizado numerosas acciones de protestas por el uso del velero Esmeralda que era un buque de instrucción y fue usado como centro de detención y tortura durante el golpe. Ahí murió gente. En algunos casos, gente emblemática. Actualmente se sigue usando como centro de instrucción para los nuevos marineros, pero parece un buque fantasma porque en los puertos de distintos países lo esperan con protestas y no lo dejan entrar. En Chile no se sabe qué hacer con el buque. Hubo una propuesta de convertirlo en un espacio de memoria, pero las fuerzas de derecha se oponen porque eso va a estar recordando todo el tiempo lo que hicieron. Otros dicen que directamente hay que destruirlo y venderlo como chatarra. Nosotros proponemos cambiar la instrucción que allí se brinda, que sea un lugar de instrucción en derechos humamos, que pueda volver a ser bien recibido en los distintos puertos para interactuar con otras universidades. Porque después de todo, los derechos humanos, la memoria, la dictadura, no es solo un tema de Chile, sino que es común a todos los países latinoamericanos.



- ¿Cuál es actualmente la situación de ustedes?
- Somos exonerados. Personal retirado y nada más.



- ¿Sin reconocimiento, sin jubilación, sin nada?
- Sin nada. Por eso muchos de nosotros volvimos a Chile y formamos una organización en reclamo de nuestras reivindicaciones. Porque pensamos que al haber un nuevo gobierno democrático elegido por el pueblo se iban a reparar todos los daños producidos por la dictadura. Y empezamos a golpear puertas. Desde el año 1990 hasta el 2010. Nos hemos pasado 20 años golpeando puertas. Hablamos con todos los ministros de defensa, con todos los presidentes. Y todo el mundo decía “Es importante el caso de ustedes, lo vamos a resolver”. Nadie hizo nada. Seguimos en la misma condición. Nos aburrimos ya de exponer nuestro caso. Por eso para darle realce a estas acciones invitamos al doctor Martín Almada, que es reconocido militante por los derechos humanos y ganador del Premio Nóbel Alternativo. El vino a Chile, propuso hacer del Esmeralda una Universidad Flotante y ahora vinimos a presentar esa idea en la reunión de los premiados en Alemania.



- Ayer me contaste que no estabas en una proa desde que eras marinero. ¿Cómo fue volver a subir a un barco?
- Nosotros no entramos obligados a la marina. Es un tema de vocación. A mí me gustaba. Yo me enlisté en la marina, estudié, me preparé y era un buen profesional. Proyecté mi vida en la marina. Entonces que te la corten abruptamente es traumático, te crea cierta fobia, una sensación muy fuerte contra la marina. Pero cuando subes a un barco, en otras condiciones, más amables, se te mueven un montón de sentimientos internos… y la verdad… es que… lo disfruté.



La garganta se hace nudo. Los ojos se empañan. Buen momento para apagar el grabador.



Por Nayla Azzinnari
Desde Bonn, Alemania


Fuente: g80.cl