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 Capitalismo chileno: Si no se estimula, préndele fuego

 

por La Redacción de piensaChile
Publicado el 22 Febrero, 2017

  

La imagen que acompaña esta nota data de finales del año pasado. Específicamente, de la noche del martes 13 de diciembre. Y tuvo lugar en Chile, en el marco de la cena anual de la Asociación de Exportadores de Manufacturas de ese país ASEXMA.

 
Luis Salas Rodríguez
 
 

En la misma, vemos a la derecha al ministro de Economía chileno Luis Felipe Céspedes, mientras que a su izquierda se encuentra Roberto Fantuzzi, presidente de la mencionada Asociación. Detrás del ministro, de corbata roja, vemos a José Miguel Insulza, ex canciller chileno, ex secretario General de la OEA y hasta no hace nada precandidato presidencial por el Partido Socialista de Chile. En la actualidad complicado por denuncias de corrupción y al fondo una señorita vestida de blanco que no comprende nada porque si no no aplaudiría esa degradante escena.que solo habla del uso del cuerpo de una mujer.

 

Y lo que destaca en medio es, sí eso, una muñeca inflable con evidente fines sexuales, que el bueno de Fantuzzi tuvo bien a regalarle al ministro a fin de “estimularlo” para que “estimule” la economía. Y se lo explicó utilizando las siguientes palabras: “las economías son como las mujeres, que ambas deben ser estimuladas para activarse”, desatando carcajadas de aprobación entre los asistentes, empresarios todos. El papel que no deja ver el rostro de la muñeca es la tarjeta con la dedicatoria al ministro Céspedes.

 

Siempre se ha dicho que existen fotografías con el poder de captar en un momento fugaz toda la verdad de un tiempo congelándolo. Y eso, es justo lo que puede decirse de esta: el poderoso empresario alagando, lisonjeando, comprando al funcionario público para que tenga a bien servirlo. El funcionario público de actitud sumisa frente al poder económico y dejándose comprar. Así es como funciona en realidad la mano que maneja al mercado, solo que por lo general no se muestra ante las cámaras y uno no la ve actuando, de ahí que menudo se piense que es invisible como decía Smith. Pero existen momentos en que se deja ver por soberbia o por torpeza y este claramente es uno de ellos.

 

Sin embargo, también es evidente que lo más repulsivo de la puesta en escena no es eso. La degradación y cosificación de la mujer es totalmente degradante y es muestra del machismo imperante en el mundo empresarial y político que se rige bajo las lógicas del mercado. Todo esto nos lleva a constatar la realidad a la cual nos empujan hoy los poderes económicos coludidos con gobiernos serviles. El mensaje de Fantuzzi es: que ellos, los machos del capital, necesitan ser estimulados recurrentemente para seguir ejerciendo su poder, cosa que debemos agradecer porque en ello se nos va la vida. Bajo ningún concepto podemos dejar que la chispa se les apague, ya que deviene la apatía inversionista y de la riqueza de las naciones pasamos a la pobreza. En tal sentido, la labor de los gobiernos es procurar que en las sociedades exista el sex apple y la sumisión suficientes para que la líbido de los plutócratas no se pierda, por decadentes que sean.

 

¿Cuáles son esos estímulos? Todos y todas lo sabemos: salarios cada vez más bajos, seguridad social cada vez más precarizada, menos derechos ciudadanos e impuestos, ningún límite a la movilidad del capital y a los márgenes de ganancia pero sí a la organización de los trabajadores y la protesta ciudadana… Es decir, el paquete de políticas neoliberales que hacen que muestran que el interés del capital queda muy por encima del interés de la ciudadanía en general.

 

Valga agregar que no es el primer regalo de este tipo que el presidente de la Cámara de exportadores de Chile da: en una reunión con el gobierno sobre las virtudes de la Alianza del Pacífico, regaló a funcionarios bloqueadores solares haciéndoles entender que debían procurar que sus empresas no sufran. En otro foro sobre el mismo tema,  regaló a otro funcionario un yogurt como amuleto para garantizar “el tránsito rápido” de la economía…

 

II

 

A comienzos de este 2017, Chile fue estremecido por una serie de incendios forestales. Consumieron alrededor de 587.000 ha., causando la muerte a una veintena de personas, siendo catalogados como la peor tragedia de este tipo en la historia del país. Las llamas se propagaron rápidamente arrasando bosques, pueblos y caseríos enteros. Hasta pequeñas ciudades se vieron afectadas. Y solo pudieron ser sofocadas con ayuda internacional, tanto de otros gobiernos como de particulares sensibilizados.

 

Guardando las distancias con el caso anterior, puede decirse algo similar de estos incendios, en cuanto un acontecimiento que logra condensar sobre sí tantas realidades: una tragedia causada de origen por un modelo económico basado en la explotación intensiva de los recursos naturales y humanos; un Estado absolutamente pasivo ante las consecuencias sociales, ambientales y humanas de dicho modelo, lo que contrasta con su fortaleza y eficacia a la hora de reprimir; unas empresas que actúan a sus anchas, beneficiadas por las rebajas impositivas pero incapaces de invertir en condiciones mínimas de seguridad para evitar que los incendios –un peligro latente en este tipo de negocios- escapen de control; unas poblaciones arruinadas, que en buena medida tendrán que ver cómo rehacen sus vidas ya que el estado no puede intervenir en eso pues sería “asistencialismo” que incita a la vagancia y el facilismo, criterio que, claro, no aplica para los empresario, ya que ellos si son too big to fail y cuentan tanto con sus seguros como con el Estado dispuesto a asumir sus “pérdidas”.

 

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues tal vez nada y todo al mismo tiempo. Cuando se desataron los incendios, muchas organizaciones sociales, partidos políticos y expertos, acusaron a los propios empresarios de ocasionarlos, entre otras razones, para cobrar los seguros y sacar ganancias más rápidas y seguras en medio de un negocio que enfrenta, como todas las demás ramas de la economía chilena, un significativo estancamiento. El mismo gobierno dio a entender que consideraba plausible esta hipótesis, al tiempo que informó haber detenido a varios sospechosos de iniciar las llamas. Sería muy optimista, sin embargo, pensar que las instituciones lleguen hasta los últimos responsables de estas acciones: las tres empresas forestales más grandes –cuyo control abarca el 75% de las plantaciones- pertenecen a las tres familias más importantes económica y mediáticamente hablando del país.

 

Werner Sombart acuñó un concepto, popularizado luego por Schumpeter, muy útil en estos casos: destrucción creativa, “hecho esencial del capitalismo” consistente en la destrucción de lo no rentable para dar paso a lo rentable. En sentido estricto, aplica para las innovaciones, pero en términos más amplios se usa para entender la rentabilidad de, por ejemplo, las guerras, cuyo negocio no se encuentra solo en lo bélico, sino en el proceso de reconstrucción posterior a su ocurrencia. Así las cosas, tal vez el poder económico chileno, los machos alfas del dinero, que todavía no se recuperan de los efectos de la crisis financiera de 2008 (el crecimiento de 1,6% del PIB en 2016 es el más bajo desde 2009 y las perspectivas 2017 no son mejores), terminaron concluyendo que si la economía no se estimula, entonces siempre podrán prenderle fuego.